Iritzia

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Gure Soroa

Gure Soroa

Las lágrimas de Gure Soroa

Empiezo a escribir, mirando por la ventana. Nieva y  Gure Soroa llora. Llora en silencio… Sí, en silencio!! ¿Y por qué lloras, Gure Soroa? ¿Qué  tienes? ¿Qué te pasa?

¿Y cómo son las lágrimas? ¿De rabia, de risa, de dolor, de alegría, de pena, de gozo, de amor, de tristeza, de nostalgia o de cocodrilo? ¿Eh? ¿Cómo son las lágrimas?

Gure Soroa llora de emoción, por estar hoy aquí celebrando su 20 cumpleaños, que parece que es poco… ¡¡pero hay que pasarlos!!

Llora de alegría porque, a pesar de las vicisitudes de todos estos años, ha sabido mantenerse en su sitio y ha logrado seguir hacia adelante. Es una buena embajadora del mundo rural alavés allá donde va, y ha logrado que su nombre sea reconocido en los estamentos gubernamentales.

Gure Soroa llora de pena porque no hay relevo generacional. Las que hoy tenemos cincuenta cuando empezamos teníamos treinta y las que hoy tenéis setenta antes tuvisteis cincuenta. No he descubierto nada, sólo que de treinta no hay socias, estamos de cincuenta y muchas de setenta!! ¿Por qué?

Llora de tristeza porque el logotipo que presenta de “mujeres agrarias de Álava” poco a poco se va a convertir y habrá que revisarlo en “mujeres rurales de Álava”; esto no lo tenemos que entender para mal, simplemente que el espíritu de Gure Soroa de hace 20 años pronto va a desaparecer ¿por qué?

Gure Soroa llora de júbilo porque por fin el Estatuto de las Mujeres Agrarias ha sido reconocido, conocido y aceptado: “promover el reconocimiento del trabajo de las Mujeres en las explotaciones y fomentar la participación real en los órganos de decisión del ámbito agrario”.

Gure Soroa llora de dolor. “Nos echan” de nuestros pueblos, causamos ruidos y malos olores, “nos echan” de nuestra tierra para convertirla en campos de golf, en zonas residenciales… “nos echan” de nuestra casa organizándonos nuestro modo de vida.

Gure Soroa llora de rabia porque esta Asociación es una copia fiel de nuestra sociedad agraria y el reflejo que vemos es que explotaciones familiares están desapareciendo, es que tampoco en el campo hay relevo generacional, es que cada vez nos lo ponen más difícil para poder vivir con dignidad, es que gastamos tantas energías rellenando papeles como la atención a nuestros cultivos y ganados, es que nos quieren fracturar la tierra, es que estamos en el punto de mira de la sociedad. ¿Por qué?

Gure Soroa llora de risa por las situaciones, por los momentos que hemos vivido y convivido a lo largo de estos 20 años. ¡¡Por esos ratos de carcajadas!!

Llora de desesperación, contra el tiempo no hay quién pueda, ya no hay inviernos ni hay veranos y cuándo menos te lo esperas el río se lleva por delante todo el trabajo hecho con el sudor de tu frente o la sequía cosecha nuestros frutos con antelación y visiblemente mermados.

También llora de nostalgia recordando tiempos pasados, desprovistas de cualquier comodidad, y nuestros pueblos sobreviven al empuje de la modernidad. Ya no hay rosarios alrededor de la lumbre, ya no hay vida en la calle, ya no hay una fuente para ir a coger agua, ya no hay trabajo en común, ya no hay humanidad. ¿Por qué?

Gure Soroa llora de amor, por ella nos hemos conocido y hemos conocido a nuestros pueblos, por ella nos hemos encontrado, por ella estamos aquí, por ella nuestro grupo de amistades ha aumentado, por ella hemos estrechado lazos de unión.

¡Gure Soroa llora de verdad! Las lágrimas no son de cocodrilo!! ¿O si? ¿Lloras tú?

Marisa Alonso, mujer rural, esposa de un agricultor