Entrevista a Oihana Recalde, fundadora de Sagarrek
Oihana Recalde es una joven emprendedora rural que, a través de su proyecto Sagarrek, recupera las tradiciones agrícolas y promueve el valor del producto local. En sus tierras del barrio de Olaberria, cultiva manzanos autóctonos para producir sidra ecológica. Técnica en Agricultura y Ganadería, ha expandido su proyecto con un nuevo manzanal en Meaka, siempre con el objetivo de preservar el entorno natural del Bidasoa. La joven de Irun organizó el 18 de mayo Sagarfest, un festival que pone en valor la riqueza agrícola de la región y da visibilidad al medio rural. Con este evento, busca acercar a más jóvenes al mundo de la agricultura, despertando su curiosidad por el trabajo en el campo y fomentando el aprecio por los productos de proximidad.
Oihana, cuéntanos un poco sobre ti. ¿Cómo descubriste tu vocación por trabajar la tierra y recuperar los manzanos autóctonos para sidra? ¿Qué te llevó a apostar por este proyecto tan singular?
Desde pequeña he sido muy fan de la naturaleza, he estado muy conectada con los animales y siempre me acuerdo del caserío de mi bisabuela, que tenía huerta y animales, y eso me encantaba. Luego decidí estudiar para formarme y ser técnica en Agricultura y Ganadería. Estuve trabajando en varios sitios relacionados con la ganadería, pero mi tío se aficionó al tema de la sidra y me empezó a gustar bastante. Entonces, bueno, al final, el manzano es un cultivo que aquí, donde vivimos, se da bastante bien, así que decidimos poner manzanos.
Empezaste muy joven y con un gran proyecto entre manos. ¿Cómo fueron aquellos primeros pasos con Sagarrek y qué papel jugó tu entorno familiar en todo ello?
Yo tenía 19 años y empecé con todo el tema de los registros, la burocracia, los permisos y todo un poco. Al final, creo que esa es una de las partes más largas y difíciles. Con la ayuda de aita y ama, empecé a hacer el plan de empresa y a pedir los permisos. Mi familia siempre ha estado ahí ayudándome, apoyándome. Mis padres, mis tíos, mis hermanos, mis primos…también me ayudan a día de hoy, y me han echado una mano en el trabajo de campo.
Los primeros pasitos fueron eso: papeleo, hacer un plan y luego empezar a limpiar los terrenos que estaban en abandono. Estaba todo hecho un desastre, así que poco a poco, con la ayuda de todos, fuimos limpiando y adecuando el terreno. Esos fueron los primeros pasos, empezar por adecentar el sitio.
En estos años, desde que comenzaste en 2020 hasta ahora, has vivido un montón de cambios y aprendizajes. ¿Cómo ha evolucionado tu forma de entender y vivir el trabajo en el campo? ¿Qué aprendizajes personales destacarías?
Muchísimas cosas. Aparte de un crecimiento personal enorme porque vas aprendiendo todos los días algo nuevo. En lo que se refiere a la agricultura, te das cuenta de que, desde que yo estudié hace diez años, las cosas han evolucionado muy rápido. Siempre hay cosas nuevas por aprender.
Las modas, los sistemas también están en un proceso de cambio hacia lo ecológico y a otro tipo de manejos. Estamos en un momento de cambio, digamos. Y se nota bastante. Constantemente aprendiendo y evolucionando.
Sagarrek nace en un caserío con más de 500 años de historia. ¿Qué significa para ti trabajar esa misma tierra hoy en día con manzanos de variedades autóctonas y cultivo ecológico?
Para empezar, un gran privilegio y suerte, porque no todo el mundo puede hacer esto que estoy haciendo. No todos tienen la suerte de contar con el espacio que tengo.
Y luego, pues, siempre me gustaría tener una máquina del tiempo para volver atrás y ver cómo era todo esto hace 500 años. Aunque hayan cambiado algunas cosas, lo que es la manzana y lo cotidiano sigue siendo bastante parecido. Para mí, es tener suerte.
Recuperar manzanos autóctonos implica también cuidar una herencia agrícola y cultural. ¿Cuál es tu relación con el patrimonio natural y el paisaje del Bidasoa?
Yo me he comprometido por muchas razones. Para mí es importante poder conservar las especies de aquí porque, con la globalización, si todo el mundo planta los mismos tipos de manzana, pues los más comunes, los que siempre han estado aquí y se han adaptado mejor al entorno, desaparecerían.
Yo he nacido en Irun, en la comarca de Bidasoaldea, y me encanta el entorno natural. Siempre intento hacer cosas para sensibilizar a la gente sobre el cuidado del entorno. A día de hoy, aunque vivo en una zona rural, en cinco minutos en coche estoy en el centro de la ciudad, e Irun es la segunda ciudad más grande de Gipuzkoa. Me encuentro con gente que no sabe cuidar ni respetar el espacio natural, tira basura y ensucia el entorno, y eso me chirría un poco.
Sagarrek apuesta por el cultivo ecológico. ¿Qué implica realmente trabajar con criterios ecológicos cuando se trata de manzanos?
Bueno, para empezar, muchísimas exigencias. Mucho control y mucho papeleo y constantes inspecciones. Pero la idea de todo esto es que quien se decida a hacerlo ecológico lo haga bien. Se realizan todas las inspecciones necesarias.
Y, al final, yo creo que la clave es no indagar mucho en lo que es el mismo ciclo natural de cada ecosistema. Porque, bueno, está más que comprobado que cuando nosotros metemos la zarpa donde no debemos, empiezan los problemas.
A mí no me gusta mucho intervenir en lo que es el ciclo natural, por eso no echo ningún tipo de producto. Y, aunque sea ecológico, de momento, ningún tipo de producto. Porque, al final, yo confío en que cada insecto, cada planta, cada parte del ecosistema hace su función. Y hay que dejar que lo haga. Por supuesto que, de esta forma, yo estoy, digamos, condenando una parte de la producción. Porque, claro, en la naturaleza es lo que ocurre. Al no utilizar productos para favorecer una floración más grande, o abonos para incrementar la producción de manzanas, o insecticidas para evitar plagas, la producción es menor, pero de mayor calidad, más natural y más respetuosa con el medioambiente. Al final, con el sello ecológico te da la seguridad de que tienes un producto bueno y de calidad.
La sidrería Ola ha sido una gran aliada desde el inicio. ¿Qué importancia tiene para ti generar sinergias con agentes locales como esta sidrería? ¿Qué aporta esa colaboración mutua?
Para mí es fundamental. O sea, sin la colaboración que tenemos ahora con Ola, este proyecto no tendría sentido ahora mismo, porque está a cinco minutos del manzano, se hace una venta directa de manzanas, y el mismo día que se recoge, se entrega la manzana fresca. Luego, también, ellos nos están apoyando en el proyecto. Por ejemplo, en la inauguración que hicimos el domingo 18 de mayo, la parte de producción de sidra, para que la gente vea el proceso, cómo es desde el campo hasta la botella, lo hicimos en Ola, en la misma sidrería, como parte de la fiesta de inauguración.
Generar sinergias creo que es necesario. Yo me he movido mucho, me encanta moverme, me encanta salsear, me encanta conocer asociaciones nuevas, tanto de cultura como de arte, de todo. Sobre el euskera, asociaciones feministas. Porque me gusta un poco, no solo producir manzanas, sino que quiero hacer algo que sirva para la sociedad, que me permita sensibilizar en varios temas.
Ahora mismo vendes toda tu producción a Ola. ¿Te gustaría a futuro diversificar o abrir nuevas vías de comercialización, manteniendo ese espíritu local y colaborativo?
Ahora mismo, toda la producción está destinada a ellos, ya que la cantidad que tenemos es muy pequeña. A futuro, mi idea o sueño sería poder producir mi propia sidra, pero para eso hace falta mucha inversión, maquinaria y un espacio. De momento, seguimos con ellos, pero siempre es bueno tener otras opciones, porque nunca se sabe. Si un año, por ejemplo, tenemos tanta manzana que en Ola no la necesitan toda, necesitaremos buscar alternativas, ya que no podemos permitir que parte de la producción se pierda. Me gusta ir a ferias de sidra y siempre hablo con sidrerías y grandes marcas. Así que, en caso de necesitarlo, siempre podré encontrar alguna opción.
El pasado 18 de mayo inauguraste tu segundo manzanal con un festival muy especial: SAGAR FEST. ¿Qué te inspiró a crear este evento?
Lo primero que quería era que la gente viera realmente qué es esto. Cuando les hablas de un campo de manzanos, se lo imaginan en su cabeza, pero luego llegan aquí y se sorprenden. Por ejemplo, mucha gente comenta: «¡Ostras! Esto está en una estructura que imita un poco a la de las viñas». Y es que no se lo imaginan así. Cuando vienen y ven todos los árboles, siempre se sorprenden. Además, la flor que tienen es muy bonita, y como mucha gente no está familiarizada con estas cosas, les resulta curioso.
Quería hacer algo diferente, una fiesta, porque venir solo a ver unos árboles está bien, pero si es solo eso, quizá la gente no se anima tanto. Así que también quise dar la oportunidad a artesanos y artistas de la comarca para visibilizar su trabajo manual y artístico.
¿Qué puede encontrar una persona que venga por primera vez al festival? ¿Qué sensaciones quieres que se lleven?
Este año hemos contado con seis artistas locales que han expuesto sus obras, además de música euskalduna de grupos locales de Irun, como, Auntxa Trikitixa Taldea. También hemos incluido el bertsolarismo, que es algo que casi está en peligro de extinción. Me parece interesante porque, aunque es parte de la cultura vasca, mucha gente nunca ha escuchado un bertso en directo, así que quería ofrecer esa experiencia.
La idea es despertar la curiosidad, que quieran volver, que sientan ganas de saber más sobre el proyecto. Este día se queda corto, no les explico cómo hago las cosas ni qué variedades de manzanas hay, pero esa es la intención: que se queden con ganas de venir, aprender y conocer un poco más.
¿Crees que iniciativas como esta pueden ayudar a cambiar la mirada hacia el mundo rural y las personas que lo habitan?
Sí, creo que sí. Cuando alguien ve de cerca todo el trabajo que hay detrás de un proceso como este, empieza a valorar más el producto local, natural, de proximidad y, además, ecológico. Porque lo están viendo con sus propios ojos: cómo se hace, el esfuerzo que conlleva. Es ahí cuando la gente lo entiende. Los problemas vienen cuando no entendemos las cosas, ¿no?
Aunque después no todos se pongan a comprar ecológico todos los días, al menos ya he sembrado una semillita. Y quién sabe, poco a poco, la gente puede ir cambiando su forma de ver las cosas.
Has recibido recientemente dos premios, uno de Landaola y otro del programa Tierra de Oportunidades. ¿Qué ha significado para ti ese reconocimiento como emprendedora rural?
Pues, es un chute de energía para seguir. Para seguir trabajando en esto, para saber que voy en buen camino porque cuando empiezas algo nuevo y encima estás sola, a veces dudas. Pero esto te da ganas de continuar, te da fuerzas. Es como una señal de que estás en el camino correcto.
¿Qué nuevos horizontes o sueños tienes para Sagarrek? ¿Hay alguna idea que te ilusione especialmente para los próximos años?
Sí, tengo en mente dos proyectos. Bueno, varias cosas, pero no puedo hacerlas todas a la vez. Una sería organizar visitas guiadas al público en general, con una especie de carta etnológica para aprender a degustar diferentes sidras y zumos naturales, y también para entender cómo se produce la manzana.
Y la otra sería un proyecto en el que me gustaría romper barreras intergeneracionales entre personas mayores ya jubiladas y jóvenes o niños.
Porque viven como en dos… extremos muy alejados que no tienen nada que ver. Por ejemplo, mi abuela, cuando era pequeña, jugaba sin tele ni nada de eso, y la vida de los niños hoy en día es completamente diferente…Me gustaría crear un espacio para estrechar esos vínculos, acercarlos a través de actividades relacionadas con las manzanas, como la recogida, visitas o algún otro tipo de actividad que tengo en mente. A este proyecto lo llamaría Sagarlagun. Así que esas dos cosas: las visitas guiadas y el proyecto intergeneracional.
Si una joven de 19 años se acercara hoy a ti con ganas de emprender en el campo, ¿qué le dirías?
Pues primero, que enhorabuena. Segundo, que a mí me encanta ayudar, así que ya tiene una aliada. Y tercero, que adelante, que lo intente y lo pruebe. Porque si no funciona, al menos ya lo habrá intentado, sabrá cómo es y aprenderá de la experiencia. Pero si no se atreve, nunca sabrá qué podría haber pasado. Como quien dice, hay que tirarse a la piscina que solo se vive una vez.
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